Los docentes queremos dar todo… y nos olvidamos de nosotros.

Muchas veces me encontré ingresando a la sala de maestros y sin darnos cuenta, cada uno entraba con una preocupación distinta.

Casi a manera de queja, unos por alguna secuencia que había que revisar y corregir…

Otro colega que había quedado preocupado después de una entrevista de familia…

Casi todos hablando de la escasez de tiempo

 

 

Y naturalmente, nos empezamos a unir y dialogar sobre las responsabilidades y el agobio que eso generaba.

Conclusión: el corto tiempo compartido fue interrumpido por el timbre de finalización del recreo y volvimos al aula con más incertidumbre que al comienzo.

Los docentes planificamos para mejorar la autoestima de nuestros estudiantes, pero…

¿Y por casa cómo andamos…?

 

¿Qué pienso de mi mism@?

¿Qué imagen tengo de mí?

 ¿Llevo una vida significativa según mis expectativas?

en tus zapatos maria ines prieto

Nuestras responsabilidades, exigencias en la vida y los distintos lugares en los que nos relacionamos, nos hacen perder de vista nuestros deseos, nuestro verdadero potencial y a veces, hasta las ganas de hacer.

Empezar a valorarnos y aceptarnos a nosotr@s mism@s tiene mucho que ver con nuestras relaciones…

A veces, porque estamos necesitados de reconocimiento, nos fijamos más en lo que el otro dice, opina o piensa.

¿Diferencio un reproche de una crítica?

¿Cómo, cuando y de qué manera pongo límites a los demás?

¿En qué momento me llamo a silencio?

En fin…

Es importante recurrir a nuestra famosa palabra: autoevaluación

Entonces: me observo

  • Detallo mis capacidades para enfrentar retos
  • Miro mis puntos débiles

Y éstos dos, sin juzgarme, porque ambos son saludables.

Y así poder concluir en una valoración, en un juicio coherente, que pueda dar cuenta de QUIEN SOY.

Esta autoevaluación puedo lograrla a partir de un conocimiento emocional, que, al igual que el aprendizaje, es un proceso.

Que me permite pararme en el aquí y ahora y respetar mis tiempos. ¿Cómo?

 

  • hablándome con respeto
  • cuidándome: cuerpo y mente
  • rodeándome de personas positivas
  • potenciando mis valores

Tengo que ser sincera y expresar que pasé muchos años de mi carrera en ese estado.

Por un lado, las ganas de hacer muchas cosas el aula, o en la escuela y por otro lado el cansancio que lo impedía.

Porque nos cuesta separar y priorizar.

Que no es tarea fácil.

Si se quiere, pasamos horas en el aula y éste se transforma en un espacio más de nuestra vida.

Pero… cuando termina el trabajo llegamos a nuestra casa. (Y tampoco quiere decir que nos alejamos de la tarea docente, porque siempre queda algo para hacer…)

Y ahí viene la decisión:

  •  Disfruto de mi casa y me olvido de todo
  • Hago lo de la escuela.
  • Me dedico un poquito a los dos.

 

Hay quienes tomar la decisión no les complica la vida, y otros que entran en un círculo vicioso que no tiene fin.

Posibles y humildes sugerencias:

  • Disfrutar al máximo los lugares por los que transitamos solicitando la ayuda necesaria para cada ocasión.
  • Hacer pausas y testearnos: ¿Cómo me siento? ¿Qué quiero hacer? ¿Qué no quiero hacer?
  • Decir NO! Con la misma tranquilidad con la que respiro digo: “Hoy no puedo.” “Todavía tengo que terminar “x” trabajo”. Hoy lo dedico a mis hijos, etc. 

Ahora camino hacia el espejo y pregunto:

¿Qué veo?

¿Qué necesito decirme?

0 comentarios

Enviar un comentario

¿TE GUSTÓ EL ARTÍCULO?

SUSCRIBITE PARA RECIBIR LOS PRÓXIMOS

[mailpoet_form id="1"]
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad