Explorar las emociones de nuestros alumnos es fascinante porque nos introduce en un mundo maravilloso que nos provee de todas las herramientas necesarias para mejorar los vínculos. Tanto entre alumnos como docente–alumnos.
Durante las actividades que se llevan a cabo adentro del aula, se ponen en juego actitudes, conocimientos, habilidades y competencias que podemos ver “desde afuera”, es decir, todo aquello que es observable.
Pero cuando las propuestas llevan a cada alumno a observarse, y además los habilitamos a poner en palabras aquello que tienen dentro, el desempeño es más productivo todavía.
¿Por qué digo productivo? Porque generalmente los docentes enseñamos a partir de lo que vemos en nuestro grupo de alumnos, de acuerdo a lo que está estipulado enseñar (Diseño Curricular), pero en el medio ignoramos lo que los alumnos experimentan interiormente. Sus emociones, sus ganas de aprender, el vínculo con sus compañeros, etc.
El problema está en que no solo a veces los docentes ignoramos lo que transcurre en ese inmenso mundo interior de cada estudiante, sino que también les pasa a ellos entre sí. Ignoran cómo están sus compañeros, o lo que cada uno más desea más allá del grupo; las fortalezas individuales; la relación que tienen con la escuela; básicamente no se conocen.
Es difícil enseñar la empatía, si los demás no saben en qué zapatos deben ponerse, para sentir lo que al otro le pasa.
Como docentes tenemos que emplear todas las estrategias posibles que ayuden a desarrollar la empatía en los grupos.
Estrategias propias, copiadas o creadas, pero hacerlo. Ocuparnos. Llevar a cabo esa tarea, no como una actividad aislada sino como una forma de aprender. Sacarle el jugo a toda la información que ellos nos dan sobre sí mismos. Porque así iremos por el camino correcto.
Seguir sus propios intereses, buscar propuestas significativas, hacer que se sientan bien, es eso. Conocerlos. Acompañarlos. Saber cómo aprenden…
Cuando lo hacemos, los alumnos están experimentando lo mismo entre ellos. Se están conociendo.
Evitamos el bullying.
Priorizamos la empatía.
Mi compañero estrella te anima a dar el puntapié inicial.

Como verás, es una propuesta para que los chicos realicen entre ellos, en parejas preferiblemente para prestar atención a las respuestas y luego ser capaces de hacer una presentación sobre su compañero, y viceversa. Tu seguimiento es acompañar, ayudar y sobre todo observar.
Hablar entre ellos siempre es más fácil, y eso debemos aprovecharlo. En el transcurso de la dinámica, estarán trabajando sobre todo la empatía.
Al momento de presentar a su compañero, debemos asesorar a los chicos en las palabras que usarán para describirlo. Que sean precisas, que realmente representen aquello que el entrevistado quiso expresar. De esa manera estaremos cultivando al desarrollo de la autoestima. No olvidemos que cada alumno, al ser entrevistado y presentar al otro, está haciendo un doble trabajo de reconocimiento.
TIP EXTRA: Fijate que si bien están orientadas a la interacción individual para conocerse y expresarse, algunas pueden reutilizarse en cualquier momento del año cuando se presentan ciertos conflictos, el ambiente está tenso o simplemente querés abrir un espacio donde puedan compartir sus respuestas e incluso si estas han cambiado en el tiempo desde que las respondieron por primera vez, como los gustos o las fortalezas. Cada recurso puede adaptarse para explotarlo al máximo y es lo que pasa con estas fichas.
Descargá el imprimible haciendo clic acá. (incluye versión color y en blanco y negro.)
Dejame en comentarios qué te parecieron, cuándo pensás usarlas o sugerencias que se te ocurran.
¡Te leo!
María Inés



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